2 de Junio de 2026


AMANECE Y ORAMOS

La Palabra se hizo carne,

para hablar en gestos

y profetizar amores.

Se hizo frágil,

para romper certidumbres

y derribar fortalezas.

Se hizo niño

para crecer aprendiendo

y enseñar viviendo.

Se hizo voz,

en el llanto de un crío

y en las promesas de un hombre.

Se hizo brote

que en el suelo seco

apuntaba hacia la Vida.

Se hizo amigo

para anular soledades

y trenzar afectos.

Se hizo de los nuestros

para enseñarnos

a ser de Dios.

Se hizo mortal,

y atravesando el tiempo

 nos volvió eternos.

 EL SANTO DE CADA DÍA

Marcelino era sacerdote y Pedro exorcista, y ambos fueron mártires. El papa san Dámaso es quien nos ha dejado las noticias de su muerte que oyó de boca del mismo verdugo. Fueron condenados a muerte en Roma durante la persecución de Diocleciano, a comienzos del siglo IV, seguramente el año 304. Para su ejecución los llevaron a un bosque fuera de la ciudad, a fin de que se desconociera el lugar de su sepultura. Allí los obligaron a cavar con sus manos su propia fosa, en la que los enteraron después de haberlos decapitado. Pero una piadosa matrona romana, llamada Lucilia, consiguió localizar los restos de los mártires, los recogió y los sepultó en el cementerio llamado Ad duas lauros, en la Vía Labicana de Roma donde, después de la paz de Constantino, su madre, santa Elena, hizo construir una basílica.- Oración: Señor, tú has hecho del glorioso testimonio de tus mártires san Marcelino y san Pedro nuestra protección y defensa; concédenos la gracia de seguir sus ejemplos y de vernos continuamente sostenidos por su intercesión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.