Señor Dios todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, fuente de vida y de toda semilla que germina, hoy elevamos nuestro corazón para pedirte por los agricultores del mundo entero, por aquellos hombres y mujeres que, con manos humildes y valientes, trabajan la tierra para alimentar a la humanidad.
Mira, Señor, su esfuerzo diario antes de que salga el sol y aun cuando el cansancio pesa al caer la tarde. Tú conoces cada gota de sudor derramada, cada preocupación por el clima incierto, cada oración silenciosa al contemplar sus campos. Acompáñalos en cada jornada y hazles sentir que nunca están solos, porque Tú caminas a su lado en cada surco que se abre en la tierra.
Bendice sus tierras, Señor. Haz que el suelo sea fértil, que la semilla encuentre buen lugar para crecer y que las lluvias lleguen en el momento justo. Protege sus cultivos de las tormentas destructivas, de la sequía prolongada, de las plagas y de todo aquello que amenace el fruto de su trabajo.
Dales sabiduría para tomar decisiones acertadas, fortaleza para levantarse después de cada dificultad y esperanza para no rendirse cuando los resultados tarden en llegar. Enséñales a confiar en los tiempos perfectos que Tú has dispuesto para cada cosecha, recordándoles que, así como la tierra tiene sus estaciones, la vida también florece a su debido momento.
Te pedimos también por sus familias, que son apoyo y refugio en los días duros. Llena sus hogares de paz, de pan sobre la mesa y de la tranquilidad que nace de saber que su esfuerzo vale la pena. Que nunca les falte lo necesario y que puedan mirar el futuro con confianza.
Señor, despierta en nuestra sociedad un profundo respeto por quienes cultivan la tierra. Que aprendamos a valorar su trabajo, a ser agradecidos por cada alimento que llega a nuestras mesas y a actuar con justicia para que reciban el fruto digno de su labor.
Cuando el desaliento toque su puerta, recuérdales que toda siembra requiere fe; que, aun bajo la tierra oscura, la vida está obrando en silencio. Pon en sus corazones la certeza de que cada día de trabajo es también un acto de amor hacia el mundo.
Y así como cuidan la tierra que les ha sido confiada, enséñanos a todos a proteger la creación, a usar los recursos con responsabilidad y a pensar en las generaciones que vendrán.
Hoy te los encomendamos, Señor:
sus sueños, sus proyectos, sus preocupaciones y sus cosechas.
Cúbrelos con tu gracia, guía sus pasos y bendice abundantemente la obra de sus manos.
Que nunca les falte la fe para sembrar,
la valentía para perseverar
y la alegría para recoger los frutos.
Amén.
SANTA CATALINA DE RICCI
De la noble familia Ricci, nacida en la ciudad de Florencia en 1522. Se queda sin madre siendo muy pequeña, y es confiada a las monjas de un convento donde se encuentra una tía suya. Con 13 años toma el hábito y profesa en el convento de las dominicas de Prato con 14 años. Profundamente devota a la Pasión del Señor, le es concedido tener experiencias místicas y llevar en su cuerpo las llagas del Crucificado. Con 68 en 1589 entregó su alma al Señor.