Señor de todos los pueblos,
Padre de amor y de misericordia,
te damos gracias por llamarnos a ser hermanos.
Derriba los muros que nos separan,
cura nuestras divisiones,
y enséñanos a caminar juntos en la verdad y en la paz.
Que nuestras palabras sean de esperanza,
nuestros gestos de reconciliación,
y nuestras vidas testimonio de tu amor.
Haznos instrumentos de unidad,
para que el mundo crea en la fuerza del amor.
Dios de la vida,
fuente de bondad y justicia,
mira a tu familia humana.
Ilumina nuestras mentes con sabiduría,
abre nuestros corazones al perdón,
y guía nuestras manos hacia el bien.
Que aprendamos a respetar nuestras diferencias
y a construir juntos un mundo más justo,
donde reine la paz y la fraternidad.
Dios de amor,
reúnenos en tu presencia.
Enséñanos a escucharnos,
a respetarnos y a servir juntos.
Que en nuestras diferencias descubramos tu riqueza
y en nuestra unión tu esperanza.
LOS SIETE SANTOS FUNDADORES DE LA ORDEN DE LOS SIERVOS DE LA VIRGEN MARÍA, que son Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benito, Gerardino, Ricóvero y Alejo Falconieri; éste murió, último de todos ellos, el 17 de febrero de 1310, y en ese día los celebramos a todos. Hacia el año 1233, cuando Florencia vivía agitada por las luchas fratricidas, siete ciudadanos nobles, comerciantes, miembros de una asociación seglar de devotos de la Virgen, unidos por el ideal evangélico de la comunión fraterna y del servicio a los pobres, decidieron abandonar sus negocios y retirarse a llevar vida eremítica en el monte Senario, cerca de Florencia, con particular dedicación al culto de la Virgen. Más tarde se dedicaron a predicar por toda la Toscana. Muchas personas acudían a ellos en busca de consuelo o de consejo, y no pocos deseaban compartir su forma de vida. Por eso decidieron fundar la Orden de los Siervos de la Virgen María, los «Servitas», que adoptó la Regla de San Agustín y fue reconocida definitivamente por la Santa Sede el año 1304.