Zaragoza, España 3 de septiembre de 2026     Numero:  935

 EL SAN DE CADA DIA

SAN GREGORIO I MAGNO, papa del año 590 al año 604, y doctor de la Iglesia. Nació en Roma hacia el año 540 de la familia senatorial de los Anici. Ya de joven desempeñó cargos públicos, y llegó a ser prefecto de la Urbe. Más tarde, distribuyó su patrimonio a los monasterios y se hizo monje en la abadía benedictina de San Andrés, de la que luego fue abad. El papa Pelagio II lo ordenó de diácono y lo nombró legado pontificio en Constantinopla. El 3 de septiembre del año 590 fue elegido papa, cargo que ejerció como verdadero pastor, en su modo de gobernar, en su ayuda a los pobres, en la reforma de la sagrada liturgia, en su actividad misionera y evangelizadora entre los pueblos bárbaros, en la consolidación de la fe del pueblo cristiano, en el fomento de la vida monástica. Elaboró el Sacramentario que lleva su nombre y constituye el núcleo fundamental del Misal Romano. Dejó escritas muchas obras de carácter moral y pastoral, homilético y espiritual. Murió el 12 de marzo del año 604.- 

ALABANZA A SAN GREGORIO MAGNO

Gloria a Dios por la vida de San Gregorio Magno,
pastor entregado, servidor humilde
y maestro fiel del Evangelio.

Te alabamos, Señor,
porque hiciste de Gregorio
un hombre de oración en medio de las responsabilidades,
un corazón contemplativo en medio de las preocupaciones del mundo
y un pastor cercano a los pobres y necesitados.

Gracias por aquel hombre
que, llamado a ocupar la sede de Pedro,
no buscó honores ni grandezas,
sino que quiso llamarse
«siervo de los siervos de Dios».

Gracias por su sabiduría,
por su amor a la Palabra,
por su entrega a la Iglesia,
por su preocupación por los pequeños
y por su deseo incansable
de anunciar a Jesucristo.

San Gregorio Magno,
enséñanos a servir sin buscar reconocimiento,
a ejercer nuestras responsabilidades con humildad,
a unir oración y acción,
contemplación y compromiso,
fe y caridad.

Intercede por los pastores de la Iglesia,
para que nunca olvidemos
que toda autoridad cristiana
solo tiene sentido cuando se convierte en servicio.

Ayúdanos a escuchar antes de hablar,
a comprender antes de juzgar,
a acompañar antes de exigir
y a amar siempre como Jesús nos enseñó.

Que sepamos descubrir a Dios
en el silencio de la oración
y también en el rostro del pobre,
del enfermo, del que está solo,
del que sufre y del que ha perdido la esperanza.

San Gregorio Magno,
pastor, maestro y servidor,
ruega por nosotros.

Que nuestra vida pueda decir cada día:

«Señor, no quiero ser importante;
quiero ser útil a tu Reino.
No quiero ser servido;
quiero aprender a servir».

Amén.