Zaragoza, España 3 de agosto de 2026     Numero:  908

:EL SAN DE CADA DIA

San Asprenato de Nápoles

Primer obispo de Nápoles
Fiesta litúrgica: 3 de agosto

San Asprenato (o Aspreno) es venerado como el primer obispo de Nápoles y uno de los grandes fundadores de la Iglesia napolitana. Aunque los datos históricos sobre su vida son escasos, la tradición y antiguos documentos coinciden en situarlo entre finales del siglo I y comienzos del siglo II, durante el gobierno de los emperadores Trajano y Adriano. El antiguo Calendario Marmóreo de Nápoles le atribuye un episcopado de veintitrés años.

Una antigua tradición cuenta que el apóstol Pedro, de camino hacia Roma, pasó por Nápoles. Allí curó milagrosamente a una anciana llamada Santa Cándida, quien le presentó a un amigo gravemente enfermo: Asprenato.

Pedro lo curó, lo bautizó y, viendo sus cualidades humanas y espirituales, lo instruyó en la fe y lo consagró como primer pastor de la comunidad cristiana de Nápoles. Aunque esta narración pertenece a la tradición hagiográfica y no puede demostrarse históricamente, expresa la convicción de que la Iglesia napolitana hunde sus raíces en la predicación apostólica.

Culto y veneración

Durante siglos su figura quedó parcialmente eclipsada por la inmensa devoción popular a San Genaro, pero la Iglesia napolitana nunca dejó de reconocer a San Asprenato como su primer obispo y uno de sus principales protectores. Sus reliquias y su memoria permanecen ligadas a antiguos templos de la ciudad, especialmente a la histórica iglesia de Basílica de San Pietro ad Aram, donde la tradición sitúa la predicación de San Pedro.

Señor, la gente te sigue

y, al acabar la jornada,

tus discípulos te piden

que la mandes a sus casas.

Pero es tarde y anochece.

Se conmueven tus entrañas.

Tú quieres que tus discípulos

le den pan en abundancia.

Se excusan, pues sólo tienen

cinco panes de cebada

y dos peces. Para tantos,

apenas unas migajas.

Al tomarlos en tus manos

y alzar a Dios tu mirada,

aquella escasa comida

se queda multiplicada.

Señor, cuando se comparte

todas las hambres se sacian.

Todos comen hasta hartarse

y sobran doce canastas.

Hoy, ante tantos hambrientos

de pan del cuerpo y del alma,

«dadles de comer, vosotros»,

nos urges con tu Palabra.

Pon, Señor, en nuestras manos

tu pan de amor y de gracia.

Queremos servir a todos

una ración de esperanza.