9 de FEBRERO de 2026

Dios eterno y todopoderoso,
fuente de toda santidad y corona de los que perseveran,
hoy elevamos nuestro corazón hacia Ti
con gratitud profunda por los santos mártires
que, a lo largo de los siglos,
han dado testimonio de tu amor con la entrega total de su vida.

Tú les concediste una fe inquebrantable
cuando el miedo quiso apoderarse de sus almas;
les diste esperanza cuando todo parecía perdido,
y encendiste en ellos un amor tan grande
que ninguna amenaza ni dolor pudo separarlos de Ti.

Recordamos, Señor, su valentía en medio de la persecución,
su serenidad ante la injusticia,
su capacidad de perdonar incluso a quienes les causaban sufrimiento.
Ellos no respondieron al odio con odio,
sino que reflejaron la luz de Cristo
hasta el último instante de su existencia.

Concédenos, por su intercesión,
la gracia de una fe firme cuando seamos probados,
la fortaleza para mantenernos fieles a la verdad,
y un corazón humilde que sepa amar
aun cuando amar implique sacrificio.

Te pedimos también por todos los hombres y mujeres
que en nuestro tiempo sufren persecución por tu Nombre.
Sé su refugio en el peligro,
su paz en la angustia,
y la certeza de que nunca caminan solos.

Que el ejemplo de los mártires despierte nuestra conciencia,
para que no vivamos una fe tibia ni cómoda,
sino una fe viva, valiente y comprometida.
Danos el coraje de defender la dignidad humana,
de sostener al débil,
de ser testigos de esperanza en un mundo herido.

Señor, purifica tu Iglesia con el testimonio de quienes
no dudaron en entregar todo por el Evangelio.
Que su sacrificio sea semilla de unidad,
de renovación espiritual
y de un amor cada vez más ardiente por Ti.

Y si alguna vez el miedo nos paraliza,
recuérdanos que la misma gracia
que sostuvo a los mártires
vive también en nuestros corazones.

Haznos comprender que la verdadera victoria
no está en evitar la cruz,
sino en abrazarla con confianza,
sabiendo que después de la noche
siempre amanece la luz de la Resurrección.

Recibe, Padre bueno, nuestra oración,
y ayúdanos a caminar con fidelidad cada día
hasta que, junto a los mártires,
podamos alabarte eternamente.

Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


EL SAN DE CADA DÍA

SANTA APOLONIA. Virgen y mártir en Alejandría de Egipto, cuyo martirio conocemos por una carta de san Dionisio obispo de Alejandría, conservada por Eusebio en su Historia eclesiástica. Durante muchos años se consagró por completo al apostolado. En una revuelta que hubo contra los cristianos en tiempo del emperador Felipe, sus casas fueron asaltadas y muchos de ellos masacrados. Apolonia, ya de edad avanzada, fue detenida, y con un martillo le machacaron las mandíbulas y le hicieron saltar los dientes. Luego, encendieron una hoguera y la amenazaron con quemarla viva si no blasfemaba y apostataba. San Dionisio refiere que ella, temiendo no tener las fuerzas necesarias para soportar semejante tormento, se lanzó voluntariamente al fuego. Murió el año 249.