Zaragoza, España 27 de agosto de 2026     Numero:  929

 EL SAN DE CADA DIA

SANTA MÓNICA. Nació en Tagaste, provincia romana al norte de África, el año 331, de familia cristiana. Educada con esmero, muy joven fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, pagano, que se convirtió y bautizó antes de morir; hombre bueno pero de carácter irascible, a quien supo amar, servir y soportar, y del que tuvo tres hijos, entre ellos san Agustín, por cuya conversión derramó muchas lágrimas y oró insistentemente a Dios. Fue un modelo de madre y de esposa; alimentó su fe con la oración y la enriqueció con sus virtudes. Educó a sus hijos en la fe, y según la costumbre de entonces los inscribió en el catecumenado pero no los bautizó. Agustín en su juventud se desvió religiosa y moralmente, lo que provocó las lágrimas y oración de la madre. Ésta lo siguió a Roma y después a Milán, donde Agustín se convirtió y recibió el bautismo de manos de san Ambrosio. Cuando volvían a África, Mónica murió en Ostia (Roma) el año 387, contenta y satisfecha de ver a su hijo convertido en siervo de Dios.

ALABANZA A SANTA MÓNICA

Santa Mónica, mujer de fe perseverante,
madre de corazón grande
y testigo de una esperanza que nunca se rinde.

Te alabamos por tu confianza inquebrantable en Dios,
porque supiste esperar cuando todo parecía perdido
y convertir tus lágrimas en oración.

Tú conociste la preocupación de una madre,
el dolor de ver a un hijo caminar lejos de Dios
y la impotencia de no poder cambiar su corazón.
Pero nunca dejaste de amar,
nunca cerraste la puerta de la esperanza,
nunca abandonaste la oración.

Santa Mónica, mujer de lágrimas fecundas,
enséñanos que ninguna lágrima ofrecida con amor
se pierde ante los ojos del Padre.

Intercediste durante años por tu hijo Agustín,
y Dios hizo florecer aquello que tú sembraste
con paciencia, ternura y perseverancia.

Hoy te pedimos por tantas madres y padres
que sufren por sus hijos;
por quienes esperan una reconciliación,
por las familias heridas,
por quienes se han alejado de la fe
y por aquellos que buscan un camino para regresar a Dios.

Santa Mónica,
enséñanos a esperar sin cansarnos,
amar sin condiciones,
perdonar sin medida
y orar sin desfallecer.

Que sepamos confiar en los tiempos de Dios,
porque Él puede abrir caminos
donde nosotros solamente vemos puertas cerradas.

Santa Mónica, madre perseverante,
mujer de fe y esperanza,
ruega por nuestras familias,
ruega por nuestros hijos,
ruega por quienes se sienten perdidos,
y ayúdanos a confiar siempre en Dios.

Que, como tú, podamos descubrir
que el amor acompañado de oración
puede transformar una vida.

Santa Mónica,
mujer que lloró, amó, esperó y creyó:
ruega por nosotros.

Amén.