Zaragoza, España 6 de octubre de 2026     Numero:  943

SAN BRUNO, fundador de los cartujos. Nació en Colonia (Alemania) hacia el año 1035. Formado y ordenado de sacerdote en Reims (Francia), el arzobispo le encargó la dirección de los estudios y escuelas de su diócesis. Fue maestro de Teología y sus comentarios de la Escritura fueron bien acogidos. Pero Bruno buscaba otra cosa y se fue a Molesme, donde estaba naciendo la reforma Cisterciense. Deseoso de mayor silencio y soledad, en 1084 fundó un pequeño eremitorio en el lugar salvaje y casi inaccesible del desierto de la Cartuja, cerca de Grenoble, que iba a servir de modelo para las Cartujas de todo el mundo. El año 1090 Urbano II le ordenó ir a Roma para el servicio de la Sede Apostólica. La vocación del Santo era otra. El Papa lo comprendió y le permitió retirarse al desierto, sin salir de Italia. Aquel mismo año marchó Bruno a la soledad de Squillace (Calabria), y allí se durmió en la paz del Señor, en el monasterio de La Torre, el 6 de octubre de 1101.- Oración: Señor, Dios nuestro, tú que llamaste a san Bruno para que te sirviera en la soledad, concédenos, por su intercesión, que, en medio de las vicisitudes de este mundo, vivamos entregados siempre a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

ALABANZA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

Virgen de Lourdes,
Madre buena y cercana,
hoy levantamos nuestros ojos hacia ti
y te alabamos con corazón agradecido.

Bendita seas, María,
porque en la humilde gruta de Massabielle
quisiste acercarte a Bernardita,
una joven sencilla y pobre,
para recordarnos que Dios
mira con ternura a los pequeños.

Te alabamos, Madre,
porque eres refugio en nuestras dificultades,
consuelo en nuestras lágrimas
y compañía cuando el camino se hace difícil.

Virgen de Lourdes,
Madre de los enfermos,
acércate a quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu.
Acompaña al que espera un diagnóstico,
al que afronta una larga enfermedad,
al anciano que se siente solo
y a quien cuida cada día sin descanso.

Que ninguno se sienta abandonado.

Te alabamos por tantas manos
que curan, acarician y acompañan;
por médicos, enfermeros, familiares, voluntarios
y por todos aquellos que convierten
el cuidado de los demás
en una verdadera expresión del amor.

Madre de Lourdes,
cuando nos falten las fuerzas, sostennos;
cuando aparezca el miedo, danos serenidad;
cuando llegue la tristeza, danos consuelo;
cuando perdamos el camino, llévanos hasta Jesús.

No te pedimos una vida sin dificultades,
sino un corazón capaz de confiar.

No te pedimos que desaparezcan todas nuestras lágrimas,
sino que ninguna lágrima sea derramada en soledad.

No te pedimos milagros para escapar de la vida,
sino la gracia de descubrir cada día
el milagro de amar, servir y esperar.

Virgen de Lourdes,
haznos cercanos al que sufre,
sencillos para servir
y humildes para dejarnos ayudar.

Que nuestra presencia sea bálsamo,
nuestras palabras sean esperanza
y nuestras manos estén siempre abiertas
para levantar al hermano caído.

Nuestra Señora de Lourdes,
Madre de la esperanza,
consuelo de los enfermos
y compañera de nuestro camino:
llévanos siempre hacia Jesús
y enséñanos a confiar en el amor de Dios.

Virgen de Lourdes, ruega por nosotros.
Amén.