Hablaste de un labrador
que encontró un tesoro, un día,
y de un mercader, Señor,
que halló una perla muy fina.
Labrador y mercader
se llenaron de alegría.
Vendieron todo y compraron
tan preciosas mercancías.
Para nosotros, tu Reino
es tesoro, perla rica.
Invierte nuestros valores,
da sentido a nuestra vida
Tu Reino presenta a Dios
como Padre de familia,
que reina, cuando sus hijos
tienen pan, amor, justicia.
La fe en tu Reino, Señor,
exige gran valentía:
vender todos nuestros ídolos,
apostar por la «utopía».
Pero, si vamos llorando
esparciendo la semilla,
vendremos, Señor, cantando
a recoger las gavillas.
Venga a nosotros tu Reino,
jardín de nuestras delicias.
Somos, Señor, muy felices
viviendo en tu compañía