27 de Mayo de 2026


AMANECE Y ORAMOS

Señor de la justa cercanía

Cualquier segundo es una puerta

para entrar en tiempo.

Todo centímetro es una tierra

que lleva tu huella.

Cada color y cada aroma

me hacen sentir tu fantasía

jugando hacia el infinito.

En cada mirada se asoma

la intimidad de tu misterio.

Todo golpe de azada

cae sobre la tierra

con certeza de cosecha.

Cada canto verdadero

trae hasta mi corazón

el rumor de la fiesta

que ya empezó eterna

al final de mi camino.

Señor, no puedes perderte

en una clandestinidad absoluta:

yo me moriría en tu ausencia.

Ni puedes revelarte en toda tu grandeza:

yo quedaría absorbido

en el resplandor de tu gloria.

Tú eres el Señor de la justa cercanía,

del sacramento necesario

que nos permite irnos haciendo,

sin tanto frío y noche

que quede crudo nuestro barro,

ni tanto sol y mediodía

que tu fuego nos calcine. 

 EL SANTO DE CADA DÍA

El año 596, cuando Agustín era prior del monasterio benedictino de San Andrés en Roma, fue enviado por el papa san Gregorio Magno, al mando de unos cuarenta monjes, a evangelizar Inglaterra. Desembarcó en Thanet y mandó aviso de su llegada al rey Etelberto de Kent. El rey, que se había casado con Berta, princesa cristiana de la familia real de los francos, les permitió que se acomodaran en Canterbury, capital de su reino, y les dio libertad para predicar. Pronto se convirtió el rey, que se bautizó en junio del 597. La Iglesia se iba consolidando y Agustín marchó a Arlés (Francia) para ser consagrado arzobispo de la nación británica con sede en Canterbury. Con ayuda del rey Etelberto, Agustín y sus monjes convirtieron a muchos a la fe cristiana y fundaron iglesias y monasterios, sobre todo en el reino de Kent; entre los monasterios, el de los santos Pedro y Pablo. Para consolidar lo alcanzado y proseguir la expansión de la Iglesia, Agustín creó los nuevos obispados de Londres y Rochester y nombró los correspondientes obispos. Murió el 26 de mayo del año 604 ó 605.