ALABANZA A SAN AGUSTÍN
Bendito seas, Señor,
por la vida de San Agustín,
hombre inquieto, buscador incansable de la verdad,
corazón herido por tantos deseos
hasta descubrir que solo Tú podías llenarlo.
Te alabamos, Padre bueno,
porque no te cansaste de esperarlo.
Cuando Agustín caminaba lejos de Ti,
Tú caminabas silenciosamente a su lado.
Cuando buscaba respuestas en otros caminos,
Tú permanecías llamando a la puerta de su corazón.
Bendito seas por Santa Mónica,
su madre, mujer de lágrimas, oración y esperanza.
Sus súplicas perseverantes acompañaron a su hijo
hasta que la gracia encontró abierta
la puerta de su alma.
Te alabamos por aquella conversión
que transformó al buscador en creyente,
al inquieto en discípulo,
al hombre de palabras en servidor de tu Palabra.
¡Qué tarde te amé,
Belleza tan antigua y tan nueva!
San Agustín comprendió finalmente
que Tú estabas dentro
mientras él te buscaba fuera;
que el corazón humano puede recorrer muchos caminos,
pero permanece inquieto
hasta descansar definitivamente en Ti.
Gracias, Señor,
por regalarnos en Agustín
un pastor apasionado,
un pensador profundo,
un enamorado de tu Palabra
y un servidor de la Iglesia.
Que su vida nos enseñe
que nadie está demasiado lejos de Dios,
que ninguna historia está definitivamente perdida,
que siempre existe un camino de regreso
y que tu misericordia puede transformar
hasta el corazón más inquieto.
San Agustín,
maestro de la búsqueda,
testigo de la gracia,
pastor de la Iglesia,
amante apasionado de Dios:
enséñanos a buscar la Verdad,
a vivir en el Amor
y a descansar nuestro corazón en el Señor.
Porque también nosotros podemos decir contigo:
“Nos hiciste, Señor, para Ti,
y nuestro corazón está inquieto
hasta que descanse en Ti.”
SAN AGUSTÍN, RUEGA POR NOSOTROS.
AMÉN.