12 de Mayo de 2026


Entra, Señor, y derrumba mis murallas,

que en mi ciudadela sitiada

entren mis hermanos, mis amigos, mis enemigos.

Que entren todos, Señor de la vida,

que coman de mis silos,

que beban de mis aljibes,

que pasten en mis campos.

Que se hagan cargo, mi Dios,

de mi gobierno.

Que pueda darles todo,

que icen tu bandera en mis almenas,

hagan leña mis lanzas

y las conviertan en podaderas.

Que entren, Señor, en mi viña,

que es tu viña. Que corten racimos,

y mojen tu pan en mi aceite.

Y saciados de todo tu amor, por mi amor,

vuelvan a ti para servirte.

Entra, Señor, y rompe mis murallas.

SANTO DOMINGO DE LA CALZADA. Nació en Viloria (Burgos, España) hacia la mitad del siglo XI. Primero fue pastor, luego ermitaño y por último se dedicó a ayudar a los peregrinos de la ruta de Santiago. Intentó sin éxito ser recibido en el monasterio benedictino de Valvanera y luego en el de San Millán de la Cogolla. Cuando el papa Benedicto IV envió a Navarra y La Rioja como legado a Gregorio de Ostia, lo acompañó y estuvo con él cuatro años y, cuando murió, se quedó en la vega riojana. Recibida la ordenación sacerdotal, volvió a colaborar con los peregrinos y se dedicó a mejorar los caminos, construyendo puentes y carreteras empedradas. Además, movido por su gran piedad, construyó un albergue para los peregrinos jacobeos, provisto de salas destinadas a socorrerlos, en el que hacía de hospedero y enfermero. En torno al albergue fueron construyéndose casas que dieron origen a la actual ciudad de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja). Allí murió el año 1109, lleno de obras de caridad, este benefactor de la humanidad. Para albergar su sepulcro se construyó una preciosa catedral.