Señor,
¡ten paciencia conmigo!
A veces lo que pienso tan lúcidamente
y lo que digo tan elocuentemente,
no coinciden con lo que siento
tan honestamente.
Ni lo que profundamente creo
refleja lo que tan pobremente vivo.
Mi pensar, decir y sentir
no siempre se encuentran.
Mi fe y mi vida a veces se divorcian.
Mi amor y mis obras no se corresponden.
A veces acierto, por tu gracia;
Otras veces desacierto, por mi desgracia.
¡Ten paciencia conmigo!
No te canses de mí, espera un poco más,
y enséñame a esperar y a internar,
una vez y otra vez más,
esperemos juntos, atentos y confiados,
a que tu gracia dé frutos en mí.
¡Ten paciencia conmigo!
Y, aunque yo mismo sea impaciente,
ayúdame a comprender que
la paciencia se siembre con amargura,
pero sus frutos suelen ser dulces y abundantes.
¡Ten paciencia conmigo!
Y que no olvide toda tu inmensa bondad,
para que yo sea paciente con los demás:
contemplando sus amores,
acompañando sus intentos,
escuchando sus clamores,
consolado a sus dolores,
y perdonando sus errores.
Amén
SANTA JUANA DE VALOIS. Hija de Luis XI, rey de Francia, nació con malformaciones el año 1464 en Nogent-le-Roy. Aún en la cuna, fue prometida en matrimonio al futuro Luis XII, con el que se casó en 1476. Tras veintidós años de calvario y sin haber tenido descendencia, su matrimonio fue anulado y ella se retiró al ducado de Berry, que gobernó con sabiduría y caridad. De siempre había llevado una profunda vida religiosa, a la que ahora podía dedicarse sin trabas. Gozó de carismas y fenómenos místicos extraordinarios. Bajo la guía de su director espiritual, el franciscano Gabriel María (Gilberto) Nicolás, fundó la Orden de la Anunciación, en honor de la Virgen, que desde el principio estuvo bajo el régimen de los franciscanos y participó de los privilegios de las clarisas. Murió en Bourges (Aquitania) el 4 de febrero de 1505.