26 de Mayo de 2026


AMANECE Y ORAMOS

Cristo,

he oído predicar tu Evangelio

a un sacerdote

que vivía el Evangelio.

Los pequeños, los pobres,

quedaron entusiasmados;

los grandes, los ricos,

salieron escandalizados,

y yo pensé que bastaría predicar

sólo un poco el Evangelio

para que los que frecuentan las iglesias

se alejaran de ellas

y para que los que no las frecuentan

las llenaran.

Yo pensé que era una mala señal

para un cristiano

el ser apreciado por la “gente bien”.

Haría falta -creo yo-

que nos señalaran con el dedo

tratándonos de locos y revolucionarios.

Haría falta -creo yo- que nos armasen líos,

que firmasen denuncias contra nosotros,

que intentaran quitarnos de en medio.

Esta tarde, Señor, tengo miedo,

tengo miedo porque sé

que tu Evangelio es terrible:

es fácil oírlo predicar,

es todavía fácil no escandalizarse de él,

pero vivirlo…

vivirlo es bien difícil.

 EL SANTO DE CADA DÍA

SAN FELIPE NERI. Nació en Florencia el año 1515 y pronto marchó a Roma. Estudió filosofía y teología y fue preceptor de los hijos de una familia acomodada. Crecía su vida interior y su dedicación al apostolado y a las obras de caridad. En 1548 fundó una cofradía asistencial. Impulsado por su director espiritual y superada su propia humildad, por fin se ordenó de sacerdote en 1551. Fundó la Congregación del Oratorio para sacerdotes seculares dedicados a la predicación y al confesionario. Se dedicó en especial al cuidado de los jóvenes y los niños, en los que, con su estilo de vida, su bondad, su alegría y demás virtudes no menos simpáticas que exigentes, ejerció una gran influencia. Fundó también una asociación para atender a los pobres. Su celebración de la misa era una singular experiencia mística, tenía una capacidad extraordinaria para el contacto humano y popular, promovió nuevas formas de catequesis, arte y cultura, difundía en torno a sí una alegría que brotaba de su unión con Dios y de su buen humor. Fue gran amigo de san Carlos Borromeo y del capuchino san Félix de Cantalicio. Murió en Roma el 26 de mayo de 1595.

LOS ORATORIOS DE SAN FELIPE NERI

Los Oratorios de San Felipe Neri son comunidades de sacerdotes y hermanos laicos fundadas por San Felipe Neri en Roma en el año 1575. Se conocen también como los Oratorianos. Su finalidad principal es vivir el Evangelio desde la alegría, la cercanía humana, la oración, la predicación sencilla y el acompañamiento espiritual.

A diferencia de otras congregaciones religiosas, los miembros del Oratorio no hacen votos solemnes como pobreza, castidad y obediencia. Viven unidos por la fraternidad y el amor mutuo, formando comunidades autónomas. Cada Oratorio tiene vida propia, aunque todos comparten el espíritu de San Felipe Neri.

San Felipe Neri, conocido como “el santo de la alegría”, deseaba una Iglesia cercana, humana y abierta. Reunía a jóvenes, pobres, artistas y personas sencillas para rezar, dialogar, cantar y profundizar en la fe. De aquellas reuniones nació el “Oratorio”, palabra que significa lugar de oración y encuentro espiritual.

Con el paso de los siglos, los Oratorios se extendieron por muchos países del mundo. Existen comunidades oratorianas en Italia, España, Inglaterra, América Latina y otros lugares. Algunas muy conocidas son el Birmingham Oratory fundado por John Henry Newman y el London Oratory.

En España destacan iglesias y casas vinculadas al Oratorio, como la Church of Saint Philip Neri, situada en la histórica plaza de Sant Felip Neri de Barcelona.

Los Oratorios de San Felipe Neri recuerdan que la fe cristiana no está hecha para vivirse con tristeza ni dureza, sino con alegría, cercanía y humanidad. San Felipe comprendió que muchas personas llegan a Dios no por el miedo, sino por la amistad, la acogida y la esperanza.

En un mundo lleno de prisas y tensiones, el espíritu oratoriano invita a detenerse, escuchar, compartir y descubrir que Dios también se manifiesta en lo sencillo: una conversación, una sonrisa, un canto, una oración tranquila o un gesto de fraternidad.

San Felipe Neri enseñaba que la santidad no quita la alegría de vivir; al contrario, la hace más profunda y verdadera.