CÁNTARO EN SICAR

Cántaro roto

en mil trozos

por los golpes recibidos,

merecidos o fortuitos,

en el juego de la vida...

O por olvidos,

descuidos,

bravatas,

tormentas,

o desvaríos...

O por mi género,

mi cultura,

mi país de origen,

mi pobreza económica,

mi fe o mis ideas libres...

O por manipulaciones

de quienes se erigen en señores,

que me secaron por dentro y fuera

y me dejaron con sed de agua

que no sacian los pozos de mi tierra.

Eso es lo que soy en este momento,

cántaro roto en mil trozos:

samaritana, marginada,

atrapada en los limbos

creados por quienes se creen intérpretes y dueños...

Pero espero, Señor,

que vuelvas a fundirme con tu fuego

y hagas de mí, otra vez, con tu aliento y rocío,

tus manos y tus sueños,

un cántaro de esperanzas y proyectos lleno.

Dame de tu agua viva

para saciar mi sed,

la que me reseca por dentro y fuera;

y lléname hasta desbordar

para que otros puedan florecer.


EL SAN DE CADA DÍA

SANTA PERPETUA Y SANTA FELICIDAD

Mártires de Cartago, cerca de Túnez, el año 203. Conservamos las Actas auténticas del martirio, redactadas hasta la víspera del sacrificio por la misma Perpetua y continuadas luego por un testigo. A raíz del decreto del emperador Septimio Severo contra los cristianos, fueron apresados muchos de ellos. Perpetua, de ilustre cuna y exquisita formación, era hija de padre pagano, estaba casada como matrona y tenía un hijo recién nacido. Felicidad era una joven esclava, casada y a punto de dar a luz. El proceso fue penoso y prolongado. En todo momento Perpetua mostró su entereza, reafirmando su fe ante las autoridades y animando a sus compañeros de martirio. En los dolores del parto, en la cárcel, dijo Felicidad a un guardián: «Ahora soy yo la que sufro; en el anfiteatro será Otro el que sufra por mí». Con motivo del aniversario del hijo del emperador, se iban a celebrar unos juegos en los que el número fuerte del programa sería el martirio de los encarcelados. En el anfiteatro les soltaron las fieras que malhirieron a nuestras santas y fueron rematadas luego a golpe de espada.- Oración: Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.