Zaragoza, España 28 de agosto de 2026     Numero:  930

 EL SAN DE CADA DIA

SAN AGUSTÍN. Obispo y doctor de la Iglesia. Nació en Tagaste (en la actual Argelia) el año 354. Tuvo una juventud inquieta y desviada en cuanto a doctrina y costumbres. Estudió en Cartago y cayó en el maniqueísmo. Su madre, santa Mónica, no cesaba de llorar y orar por él. Marchó a Roma y de allí a Milán como profesor de retórica. Los sermones de san Ambrosio y las cartas de san Pablo lo llevaron a la fe cristiana; lo bautizó el año 387 el mismo san Ambrosio. Vuelto a su patria, llevó vida ascética con algunos amigos, consagrada a Dios y al estudio de las Escrituras. Elegido obispo de Hipona (en la actual Argelia), durante 34 años fue un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, que abarcan todos los ámbitos del saber de entonces, con los que ha contribuido en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana; al mismo tiempo luchó con profundidad y sabiduría contra dos grandes herejías, el donatismo y el pelagianismo. Fomentó la vida monástica. Murió el 28 de agosto del año 430.

ALABANZA A SAN AGUSTÍN

Bendito seas, Señor,
por la vida de San Agustín,
hombre inquieto, buscador incansable de la verdad,
corazón herido por tantos deseos
hasta descubrir que solo Tú podías llenarlo.

Te alabamos, Padre bueno,
porque no te cansaste de esperarlo.
Cuando Agustín caminaba lejos de Ti,
Tú caminabas silenciosamente a su lado.
Cuando buscaba respuestas en otros caminos,
Tú permanecías llamando a la puerta de su corazón.

Bendito seas por Santa Mónica,
su madre, mujer de lágrimas, oración y esperanza.
Sus súplicas perseverantes acompañaron a su hijo
hasta que la gracia encontró abierta
la puerta de su alma.

Te alabamos por aquella conversión
que transformó al buscador en creyente,
al inquieto en discípulo,
al hombre de palabras en servidor de tu Palabra.

¡Qué tarde te amé,
Belleza tan antigua y tan nueva!

San Agustín comprendió finalmente
que Tú estabas dentro
mientras él te buscaba fuera;
que el corazón humano puede recorrer muchos caminos,
pero permanece inquieto
hasta descansar definitivamente en Ti.

Gracias, Señor,
por regalarnos en Agustín
un pastor apasionado,
un pensador profundo,
un enamorado de tu Palabra
y un servidor de la Iglesia.

Que su vida nos enseñe
que nadie está demasiado lejos de Dios,
que ninguna historia está definitivamente perdida,
que siempre existe un camino de regreso
y que tu misericordia puede transformar
hasta el corazón más inquieto.

San Agustín,
maestro de la búsqueda,
testigo de la gracia,
pastor de la Iglesia,
amante apasionado de Dios:
enséñanos a buscar la Verdad,
a vivir en el Amor
y a descansar nuestro corazón en el Señor.

Porque también nosotros podemos decir contigo:

“Nos hiciste, Señor, para Ti,
y nuestro corazón está inquieto
hasta que descanse en Ti.”

SAN AGUSTÍN, RUEGA POR NOSOTROS.
AMÉN.