5 de MARZO de 2026

"La Paz os dejo, mi Paz os doy" 

Jesús de Nazaret

En el silencio habla el Señor.

Pasan las horas, los días, el tiempo,

Y no consigo hacer silencio.

Te tengo en mi pensamiento en todo momento:

Ojalá encuentre un rato para estar con Dios.

Pero nada. La agenda se llena de cosas, muchas muy buenas,

Aunque en ninguna consigo ponerte como quien eres: el primero de todo.

De nuevo eres tú el que sale a mi encuentro.

Consigues que pasando por una capilla entre,

y para que me distraiga menos o no tenga excusas, estás presente en la eucaristía.

Ahí. Como siempre. Sales a mi encuentro.

Hay más personas, pero ni me fijo en ellos.

Ahí estás Tú.

Silencio.

Ahí es cuando me hablas.

No en ideas o sentimientos fugaces.

Tú, Dios, te haces Palabra, me hablas y llamas por mi nombre.

Palabra entra en mi para hacerse carne.

En y con la Virgen María te encarnaste para ser como nosotros, excepto en el pecado,

y así curar, tocar, llorar, morir,

y resucitar para que siglos más tarde yo me encuentre contigo.

Vivo rodeado de gente y me encuentro solo.

Tengo de todo, pero me vivo perdido.

Ahí estás Tú.

Palabra que me dice: “no tengas miedo, yo estoy contigo siempre.

¿De qué te sirven las prisas, las apariencias

y la imagen si tienes perdida tu alma? Sígueme”.

Palabra que se hace carne en mí, y de nuevo, eres Verbo.

Me pides que haga, que me deje de tonterías absurdas.

Obras son amores y quiero vivir desde el amor que tú nos tienes.

Sí, hágase. Sí, Señor, llévame donde me necesites. Sí, en Vos confío.


EL SAN DE CADA DÍA

Teófilo de Cesarea fue un obispo cristiano del siglo II que ejerció su ministerio en Cesarea Marítima, una importante ciudad de Palestina y uno de los centros del cristianismo primitivo. Aunque se conocen pocos datos concretos sobre su vida personal, se sabe que desempeñó un papel relevante en la organización y consolidación de la Iglesia en esa región durante la segunda mitad del siglo II.

Teófilo es recordado principalmente por su participación en la llamada controversia pascual, una discusión entre distintas comunidades cristianas sobre la fecha correcta para celebrar la Pascua. Algunas iglesias, especialmente en Asia Menor, seguían la tradición de celebrarla el día 14 del mes de Nisán según el calendario judío, independientemente del día de la semana. En cambio, otras comunidades, entre ellas las de Palestina y Roma, defendían que la Pascua debía celebrarse siempre en domingo, día en que se conmemoraba la resurrección de Cristo.

Para tratar esta cuestión, Teófilo colaboró con Narciso de Jerusalén en la convocatoria de un sínodo de obispos en Palestina. En esta reunión se decidió apoyar la práctica de celebrar la Pascua en domingo. Después del sínodo, Teófilo escribió cartas dirigidas a otras iglesias para explicar y difundir esta decisión. Aunque estos escritos no se han conservado, se conoce su existencia gracias al testimonio del historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea, quien los menciona en su obra sobre la historia de la Iglesia.

La actuación de Teófilo muestra cómo las comunidades cristianas del siglo II comenzaron a reunirse en sínodos para resolver cuestiones litúrgicas y doctrinales comunes. Este proceso de coordinación entre las iglesias contribuyó a la formación de prácticas más uniformes dentro del cristianismo. La cuestión de la fecha de la Pascua seguiría discutiéndose durante siglos y terminaría resolviéndose de manera definitiva en el Primer Concilio de Nicea.