Alabanza por los enfermos y el personal sanitario
Señor Jesús, médico de los cuerpos y de las almas,
hoy queremos alabarte y darte gracias.
Te alabamos por tu presencia silenciosa
junto a quienes atraviesan la enfermedad,
por tu mano que sostiene cuando faltan las fuerzas
y por tu luz cuando aparecen el miedo y la incertidumbre.
Bendice, Señor, a todos los enfermos.
A quienes esperan un diagnóstico,
a quienes afrontan una operación o un tratamiento,
a quienes llevan mucho tiempo luchando,
a quienes sienten dolor, soledad o cansancio.
Que nunca les falte una mirada cercana,
una palabra de esperanza
y la certeza de que Tú caminas a su lado.
Te damos gracias especialmente
por quienes hacen de su profesión un servicio a la vida:
médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, técnicos,
personal de limpieza, administrativos, investigadores
y todos los trabajadores de nuestros hospitales y centros de salud.
Bendice sus manos, Señor.
Manos que curan, cuidan, acarician y acompañan.
Dales sabiduría para tomar decisiones,
fortaleza en las jornadas difíciles,
paciencia ante el cansancio
y ternura para no olvidar nunca
que detrás de cada enfermedad hay una persona.
Y cuando la medicina no pueda curar,
que nunca falte el consuelo;
cuando no sea posible añadir días a la vida,
que sepamos llenar de amor los días que quedan.
Jesús misericordioso,
quédate junto a cada cama,
entra en cada habitación,
acompaña cada tratamiento
y fortalece a quienes cuidan.
Que nuestros hospitales sean también
lugares de humanidad, esperanza y fraternidad.
Gracias, Señor, por quienes luchan por vivir.
Gracias por quienes dedican su vida a cuidar la vida.
Gracias porque, incluso en medio del dolor,
tu Amor permanece.
Amén.