18 de Julio de 2026

AMANECE Y ORAMOS

Quien siembra

siembra con esperanza,

aunque el terreno

no sea el mejor

y tenga piedras,

zarzas,

calveros,

lugares yermos,

pisados caminos

y aves en el cielo al acecho.

Quien siembra

siembra con esperanza,

aunque no sea dueño

del tiempo,

de las lluvias,

de las heladas,

de los vientos,

de las sequías,

ni de los calores

que secan el terreno.

Quien siembra

siembra con esperanza,

aunque no distinga

la semilla,

ni entienda

los procesos

de germinación,

ni los milagros encerrados

en la simiente

que lanza a la tierra.

Quien siembra

siembra con esperanza,

aunque solo esparza

en la tierra y en los corazones

semillas pequeñas,

semillas sin prestancia,

semillas de mostaza,

pues sabe que el Señor

del campo y de la semilla

confía en él y en su tarea.

Quien siembra

siembra con esperanza,

aunque no sea suya la semilla,

ni el terreno,

ni sea dueño del tiempo,

ni sepa de climas;

aunque la experiencia le diga

que hay cosechas que fracasan

a pesar del cuidado

y de cántaros de gracia.

Quien siembra

vive la esperanza,

sueña en parábolas,

lanza buenas nuevas,

goza la temporada

y anhela la cosecha;

pero, a veces, las preocupaciones

le hacen pasar las noches en claro,

y nada se soluciona

hasta que se duerme en tu regazo.

¡Saldré a sembrar

para continuar tu tarea

y para que nos cuentes historias

que florezcan en gracia!

*EL SAN DE CADA DÍA*

SAN SIMÓN DE LIPNICA. Nació en Lipnica Murowana (Polonia) entre 1435 y 1440. Desde niño destacó por su devoción a la Virgen y su afición al estudio. En 1454 fue a estudiar a Cracovia. Atraído por el ejemplo y la predicación de san Juan de Capistrano, que acababa de fundar en la ciudad el convento de San Bernardino, ingresó en la Orden franciscana el año 1457, y, terminados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal hacia 1460. Se dedicó a la predicación, con palabra llena de fe, de sabiduría y de ponderación, reflejo de su vida de oración y del estudio de la Escritura. Como sus maestros Bernardino y Juan, fue un propagador de la devoción al Nombre de Jesús. Peregrinó a Tierra Santa, con la ilusión de dar la vida por la fe. En 1482 la peste asoló Cracovia. Simón se entregó al cuidado de los apestados; él mismo resultó contagiado y murió el 18 de julio de 1482. Lo canonizó Benedicto XVI el año 2007.