Zaragoza, España 30 de septiembre de 2026     Numero:  941

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la Iglesia. Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 347. Estudió en Roma, cultivando con esmero todos los saberes, y llevó una vida desordenada hasta que se hizo catecúmeno y fue bautizado por el papa Liberio a los veinte años. Cautivado por la vida contemplativa, marchó a Oriente, se entregó a la vida ascética cerca de Antioquía y se ordenó de sacerdote. Estuvo un tiempo en Constantinopla y luego regresó a Roma, donde fue secretario del papa san Dámaso, que le encargó la traducción de la Biblia al latín, y dirigió espiritualmente a unas damas de la nobleza que llevaban vida de piedad en común en la colina Aventina. A la muerte del Papa marchó de nuevo a Oriente y, tras visitar monasterios de diversas regiones, se estableció en Belén de Judá. Allí asumió la dirección espiritual de los monasterios fundados por santa Paula, al tiempo que completó la versión de la Biblia y escribió muchas obras, especialmente comentarios a la Sagrada Escritura. Participó de modo admirable en muchas necesidades de la Iglesia. Murió en Belén el 30 de septiembre del año 420.-

ALABANZA A SAN JERÓNIMO

Presbítero y Doctor de la Iglesia

Te alabamos, Señor,
por la vida de San Jerónimo,
servidor incansable de tu Palabra
y buscador apasionado de la Verdad.

Gracias por aquel hombre
que hizo de la Escritura su casa,
del estudio su camino
y de la oración la luz de su inteligencia.

Le concediste penetrar en las páginas sagradas
no solamente con la razón,
sino también con un corazón sediento de Ti.

En el silencio de Belén,
cerca de la gruta donde nació Jesús,
Jerónimo dedicó su vida
a estudiar, traducir y transmitir tu Palabra,
para que otros pudieran encontrar en ella
el rostro misericordioso de Dios.

San Jerónimo,
enséñanos a amar la Sagrada Escritura.

Que no abramos el Evangelio por costumbre,
sino con hambre de escuchar a Dios.
Que sepamos guardar la Palabra en el corazón,
meditarla en el silencio
y convertirla en gestos de amor, justicia y fraternidad.

Ayúdanos a comprender
que conocer las Escrituras
es acercarnos cada día más a Jesucristo.

Que la Palabra nos cuestione,
nos consuele cuando sufrimos,
nos levante cuando caemos
y nos muestre el camino cuando estamos perdidos.

San Jerónimo, presbítero y Doctor de la Iglesia,
haz que también nosotros podamos decir:
“Tu Palabra, Señor, es lámpara para mis pasos
y luz en mi camino”.

Amén.