15 de Mayo de 2026


Haced discípulos míos, no maestros;

haced personas, no esclavos;

haced caminantes, no gente asentada;

haced servidores, no jefes.

Haced hermanos.

Haced creyentes, no gente creída;

haced buscadores de verdad, no amos de certezas;

haced creadores, no plagistas;

haced ciudadanos, no extranjeros.

Haced hermanos.

Haced poetas, no pragmáticos;

haced gente de sueños y memoria,

no de títulos, arcas y mapas;

haced personas arriesgadas, no espectadores.

Haced hermanos.

Haced profetas, no cortesanos;

haced gente inquieta, no satisfecha;

haced personas libres, no leguleyas;

haced gente evangélica, no agorera.

Haced hermanos.

Haced sembradores, no coleccionistas;

haced artistas, no soldados;

haced testigos, no inquisidores;

haced amigos de camino, no enemigos.

Haced hermanos.

Haced personas de encuentro,

con entrañas y ternura,

con promesas y esperanzas,

con presencia y paciencia,

con misión y envío.

Haced hermanos.

Haced discípulos míos;

dadles todo lo que os he dado;

descargad vuestras espaldas

y sentíos hermanos.


 Nació en Madrid a finales del siglo XI en el seno de una familia pobre. Piadoso y lleno de bondad desde su niñez, al quedar huérfano en la adolescencia se puso a trabajar como labrador al servicio de un patrono, Juan Vargas; posteriormente cultivó su pequeña hacienda en la ribera del río Manzanares. Contrajo matrimonio en Torrelaguna con santa María de la Cabeza. A diario participaba en la Eucaristía y dedicaba tiempos a la oración, por lo que lo acusaron injustamente de restar horas al trabajo. Murió muy anciano. La tradición popular conservó la memoria de su espíritu de oración y de generosidad para con los pobres y necesitados, así como de su intensa vida cristiana en el trabajo y en la familia. La leyenda lo ha adornado con anécdotas y prodigios. Es patrono del campo español. Su cuerpo se conserva incorrupto en la Catedral de San Isidro de Madrid.- Oración: Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro, labrador, nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza a tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.