Zaragoza, España  21 de julio de 2026     Numero:  897

*EL SAN DE CADA DÍA*

SAN LORENZO DE BRINDIS. Nació en Brindis (Italia) el año 1559. Ingresó en la Orden de los Capuchinos y estudió en Padua. Fue una persona superdotada a quien Dios concedió cualidades intelectuales extraordinarias. Infatigable y elocuente predicador por varias naciones de Europa, docto profesor de sus hermanos, escritor erudito, ocupó, además, todos los cargos en su Orden, incluso el de Ministro general, y desempeñó graves y delicadas misiones diplomáticas por Europa. De carácter sencillo y humilde, cumplió fielmente todas las misiones que se le encomendaron, como la defensa de la Iglesia ante los turcos que intentaban dominar Europa y la reconciliación de príncipes enfrentados. En su vida de piedad se distinguió por la fervorosa celebración de la misa y por su filial devoción a la Virgen. Murió el 22 de julio de 1619 en Lisboa, adonde fue a tratar con Felipe III de la paz en Nápoles. Por su conocimiento profundo de la Palabra de Dios, del que dejó testimonio en sus escritos y en los púlpitos, Juan XXIII le dio en 1959 el título de «Doctor Apostólico». -Oración: Oh Dios, que para gloria de tu nombre y salvación de las almas otorgaste a san Lorenzo de Brindis espíritu de consejo y fortaleza, concédenos llegar a conocer, con ese mismo espíritu, las cosas que debemos realizar y la gracia de llevarlas a la práctica después de conocerlas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Alabanza a Dios en la alegría y en el amor

Señor Dios, Padre bueno y lleno de misericordia,
hoy queremos alabarte porque has sembrado en nuestro corazón
la alegría que nace de tu presencia
y el amor que transforma nuestra vida.

Te damos gracias por cada amanecer,
por el don de la existencia,
por la familia, los amigos,
por quienes nos tienden la mano
y por quienes nos enseñan a crecer en la fe.

Bendito seas, Señor,
porque cuando la esperanza parece apagarse,
Tú enciendes una luz que nadie puede apagar.
Cuando el cansancio nos visita,
Tú renuevas nuestras fuerzas.
Cuando el miedo nos paraliza,
Tú nos recuerdas que caminas siempre a nuestro lado.

Que nuestra alegría no dependa de las circunstancias,
sino de la certeza de sabernos hijos tuyos.
Que nuestro amor no sea solo una palabra,
sino un compromiso diario de servicio,
perdón, acogida y entrega generosa.

Haz que cada sonrisa sea un reflejo de tu bondad,
cada gesto de ternura una manifestación de tu misericordia,
y cada obra de amor un anuncio vivo del Evangelio.

Te alabamos, Señor Jesús,
porque nos has amado hasta el extremo
y nos invitas a vivir con un corazón abierto,
capaz de compartir, consolar y sembrar esperanza.

Ven, Espíritu Santo,
llena nuestra vida de gozo,
fortalece nuestra fe,
renueva nuestra esperanza
y enséñanos a amar como Tú amas.

A Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
todo honor, toda gloria y toda alabanza,
hoy y por los siglos de los siglos.

Amén.