9 DE OCTUBRE DE 2026

EL SAN DE CADA DÍA

SAN HUGO DE GÉNOVA. Nació en Alessandria (Italia) hacia el año 1168, de la noble familia de los Canefri. No parece que recibiera la ordenación sacerdotal. Lo adscribieron a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén en pleno fervor de las cruzadas. Prestó servicio largo tiempo en Tierra Santa para defender los intereses de la cristiandad. Vuelto a Italia, lo destinaron a regir, en calidad de maestre, preceptor o comendador, la Encomienda de San Juan de Jerusalén en Génova, casa que tenía un hospital anejo. Allí brilló por su bondad y caridad en el ejercicio de los altos oficios de gobierno y de beneficencia que le habían confiado, a favor de los enfermos y menesterosos acogidos en el hospital, así como de los peregrinos que hacían un alto en Génova antes de embarcarse o al regresar de Tierra Santa. Se le atribuyeron muchos milagros, como el de haber hecho brotar agua de una roca para que las lavanderas de un hospital pudiesen lavar la ropa de los enfermos pobres. Murió hacia el año 1233.

ALABANZA A LA CREACIÓN

Bendito seas, Dios Padre y Madre,
porque de tus manos nació la vida,
y llenaste el universo de belleza,
de luz, de colores y de esperanza.

Te alabamos por el sol que cada mañana
nos recuerda que siempre podemos comenzar de nuevo;
por la luna que acompaña nuestras noches
y por las estrellas que despiertan nuestros sueños.

Te damos gracias por la tierra que pisamos,
por los campos que nos ofrecen sus frutos,
por los árboles que nos regalan sombra,
por las flores que embellecen nuestros caminos.

Bendito seas por el agua,
que limpia, refresca y hace germinar la vida;
por los ríos que recorren la tierra,
por los mares inmensos y las fuentes sencillas.

Te alabamos por las montañas y los valles,
por el viento que acaricia nuestro rostro,
por la lluvia que fecunda los campos
y por cada criatura que comparte con nosotros la existencia.

Gracias por los animales,
por el canto de los pájaros,
por la diversidad maravillosa de la naturaleza,
donde todo nos habla de tu presencia.

Perdónanos, Señor,
cuando convertimos la creación en mercancía,
cuando contaminamos, destruimos y desperdiciamos,
olvidando que la tierra no nos pertenece:
somos nosotros quienes pertenecemos a ella.

Enséñanos a cuidar nuestra casa común,
a consumir con responsabilidad,
a respetar cada forma de vida
y a compartir sus bienes con quienes menos tienen.

Que sepamos descubrirte
en una puesta de sol,
en una gota de lluvia,
en una semilla que germina,
en el silencio de una montaña
y en la inmensidad del mar.

Que nunca perdamos la capacidad de asombrarnos.

Porque la Creación no es solamente algo que contemplamos:
es un regalo que recibimos,
una casa que compartimos
y una responsabilidad que debemos cuidar.

¡Alabado seas, Señor,
por nuestra hermana Tierra,
por la VIDA que brota de tus manos
y por este maravilloso hogar que nos has confiado!

Toda la creación proclama tu grandeza.
Todo cuanto respira, alabe al Señor.

Amén.